6 de marzo de 2013

PACO HERRERA


Ficha del entrenador
Nombre completo Francisco Herrera Lorenzo
Fecha de nacimiento 2 de diciembre de 1953
Lugar de nacimiento Barcelona 
Total partidos119
Partidos ganados53
Partidos empatados28
Partidos  perdidos38
Temporadas en el club3  (2010-2013)

Se inició en el futbol en el Damm, uno de los clubs de base de más prestigio de Barcelona, apenas con once años cumplidos.  Sus estudios se orientaban hacia la maestría industrial, pero a los dieciocho años, nada más dejar la categoría juvenil, pasó al Sabadell. Era una maquina de correr, de pelear, muy solidario. Un centrocampista con llegada,  ni torpe ni virtuoso, pero que conseguía las cosas por pesado. Era todo compromiso.

Su buen hacer con el Sabadell en segunda división, llamó el interés de diversos clubes de la máxima categoría, como el Espanyol, el Betis, Sevilla o Valencia, pero fue finalmente el Sporting de Gijón el club que le ficharía, y con el que iba a debutar en la primera división del fútbol español.  Fichó a la vez que su compañero González, por el club rojiblanco gijonés, en Primera División, y se mantuvo en el club asturiano durante tres campañas, con descenso incluido, y una última temporada en segunda división. 

Tras el Sporting se fue al Levante, y de allí al Badajoz, del que se convirtió en su capitán. Todavía hoy es el segundo máximo goleador de la historia del Badajoz, con 79 dianas. Tras ocho campañas en el club, declinó renovar y fue entonces cuando probó por primera vez el banquillo. El mundo del fútbol es tremendamente adictivo. No hay nada como la tensión, el dolor, la gloria o el sufrimiento que pueden llegar a proporcionar 90 minutos. 


En su época de futbolista, con la camiseta del Sabadell 

El jugador de fútbol, acostumbrado a vivir durante casi veinte años bajo los mismos parámetros, siente pánico, vértigo, a perder la rutina que ha regido su existencia. Así, muchos emprenden una carrera como entrenadores. Todo con tal de no perder el contacto con el único mundo profesional que han conocido. Tras esa etapa existe, finalmente, una tercera evolución: el salto a los despachos. El puesto de secretario técnico, director deportivo, director general o, incluso, presidente, se convierte en un confortable refugio cuando el cuerpo y la mente se cansan de una vida que engancha, sí, pero que también quema.

El caso de Paco Herrera es un claro ejemplo de esto, pues pasó por el terreno de juego, los banquillos, los despacho, y la vuelta a los banquillos.  Paco lo comentaba en una entrevista hace unos años: “Yo soy más de campo. En el despacho, el trabajo importante se hace en agosto y luego tienes las manos atadas. En cambio, como entrenador, aunque vayan mal las cosas, siempre tienes un domingo más para intentar arreglarlas. Necesito el contacto directo con los jugadores: pelearme con ellos, abrazarlos, ver cómo progresan… es realmente lo que me llena”

Comenzó dirigiendo las categorías inferiores del C. D. Badajoz, con el que ascendió en 1992 a Segunda División. Dos años después, ya compaginaba el trabajo de la secretaría técnica con el de entrenador, 
“El Badajoz era una institución muy familiar. Me ofrecieron entrenar a los juveniles y organizar un poco la secretaría técnica. La cosa salió bien. Aquel año subimos de categoría. La temporada siguiente, me hice cargo del filial. Y el tercer año ascendía a Segunda con el primer equipo”, recuerda Herrera. Su trayectoria llamó la atención de otros clubs. “Recibí ofertas, incluso de Primera, pero tenía a mi familia muy arraigada en Badajoz y un negocio propio que iba bien, así que las rechacé”, asegura. Todo siguió con cierta normalidad hasta que, tras la venta del club a una empresa de representación de jugadores, Herrera decidió abandonarlo, disconforme con la nueva política y fue entonces cuando se trasladó al C. D. Numancia de Soria, al que regresó después de entrenar al C. P. Mérida, pero ya en Primera División.

Posteriormente, se hizo cargo del Albacete Balompié, el Club Polideportivo Ejido y el Recreativo de Huelva,   siempre obteniendo buenos puestos en la tabla clasificatoria. De ahí, pasó a ser ayudante de Rafa Benítez en el Liverpool F. C., con el que ganó la Liga de Campeones, la Supercopa de Europa y la FA Cup. “Unos cuantos años antes ya había rechazado ser su segundo en Valencia, pero no pude decir que no al Liverpool. Era un reto demasiado bonito”, confiesa. No se puede decir que fuera a Inglaterra de turismo, precisamente. Fue ayudante de Benítez, entrenador del equipo reserva y uno de los encargados de modernizar una estructura de club que se había quedado anquilosada. Y todo, sin saber ni una palabra de inglés cuando se embarcó en la aventura.


Solo un problema familiar -la falta de adaptación a la vida inglesa- le hizo poner de nuevo rumbo a España. Quería volver a entrenar, pero ya se sabe: la evolución parece algo sagrado. Y, al regresar, Paco Herrera ya no era un entrenador a los ojos de la gente. Era un hombre de despacho. Firmó como director deportivo del R. C. D. Espanyol, cargo que ocupó durante casi tres temporadas. “No me salía nada para entrenar. Era increíble. Tenía dos o tres ofertas, pero todas eran de director deportivo. Así que cuando surgió la del Espanyol no me lo pensé. Era volver a mis orígenes, volver a casa”, justifica.

Tras tres años con los periquitos, su deseo era volver a los banquillos, pese a parecer un actor encasillado. Y una carambola le brindó la oportunidad, casi sin tiempo para procesar la involución. El Atlético de Madrid, tras destituir al mexicano Aguirre, fichó a Abel Resino, que estaba haciendo una campaña notable en el Castellón. Y así quedó una plaza libre que llevaba su nombre. El destino quiso que Herrera ‘redebutara’ como técnico en Balaídos.

Aquel año, el Castellón aspiró a las plazas de ascenso, aunque al final acabó séptimo, con 65 puntos. Viendo la fuga de talentos que se preparaba (Arana y Mario Rosas, entre muchos otros), el técnico no renovó. Y al llegar la temporada siguiente no se le cayeron los anillos por dirigir a un filial, el Villarreal B, también tras otro juego de las sillas, el ascenso de Juan Carlos Garrido al primer equipo tras la destitución de Valverde.  Acabó clasificando a los groguets de nuevo en la séptima plaza, con 61 puntos. Aquellas dos campañas de vuelta en los escenarios le valieron, por fin, un proyecto ambicioso.


El Real Club Celta de Vigo, tras años de intentonas fallidas, quería un técnico que fuera capaz de enderezar el rumbo del club. Así llegó Herrera a la ciudad olívica, con la maleta llena de ilusiones y con la posibilidad de reengancharse definitivamente a la profesión de entrenador. El Celta venía de tres temporadas decepcionantes en Segunda División, más pendiente de no bajar que de ascender. A Eusebio le encomendaron la difícil tarea de ascender sin equipo, y con la llegada de Paco Herrera el Celta no quiso improvisar. Se retocó la parte más débil del equipo, el ataque, con la llegada de Joan Tomás, David Rodríguez y De Lucas, futbolistas que deberían aportar el gol que no habían dado los Joselu, Arthuro o Cellerino el curso anterior. Herrera completó el equipo con Álex López, que había hecho la pretemporada con el primer equipo desde el filial y que gozó de la confianza del nuevo técnico celeste desde la primera jornada. 

El comienzo fue desalentador, con una derrota ante el Barcelona B, en la que el equipo evidenció problemas en ataque, así que en la segunda jornada Herrera varió el dibujo y apostó por la contra como principal arma ofensiva. El invento no pudo salir mejor ya que el Celta encadenó seis victorias de forma consecutiva, logrando el liderato tras la séptima jornada. Durante la primera vuelta, el paso del Celta fue firme, emprendiendo una bonita batalla con Rayo Vallecano y Betis por las dos plazas que daban el ascenso directo, realizando además un buen fútbol. El mes de enero fue especialmente bueno, con victorias a domicilio ante Rayo y Elche, rivales directos del conjunto celeste, que se situaba en puestos de ascenso directo.


Pero el mes de marzo fue terrible. El Celta perdió ante el Huesca en casa y ya no levantó cabeza hasta las últimas jornadas del campeonato. El equipo se cayó incomprensiblemente y las diversas pruebas de Herrera no acababan de dar sus frutos. El conjunto vigués tocó fondo ante el Girona con una dolorosa derrota (0-4) que obligó a Herrera a dar un cambio radical a su esquema, introduciendo tres centrales para dotar de mayor consistencia física al equipo. El invento dio resultado a medias, pero al menos el Celta logró el pase al play-off de ascenso, donde tenía como rival al Granada. 

Fue aquella eliminatoria ante el conjunto nazarí un episodio que difícilmente olvidará Herrera. El Celta venció en Balaídos con un solitario gol de Michu, y acudía a Granada para defender la renta. El técnico catalán dejó en el banquillo a Trashorras, De Lucas y David Rodríguez, indiscutibles durante toda la temporada, y el equipo estuvo a merced del Granada durante toda la primera parte. Al descanso, un gol de Orellana igualaba la eliminatoria y Herrera varió el esquema en la segunda mitad. Con un equipo más lógico, el Celta tuvo sus ocasiones y solo un pésimo arbitraje evitó que el Celta voltease la eliminatoria. También los palos se toparon con dos lanzamientos de Trashorras, que podrían haber dado el pase a la final. No pudo ser y la lotería de los penaltis decidió que era el Granada quien seguiría adelante.


Herrera regresó a Vigo cabizbajo, lamentando el ambiente y el trato recibido en Granada, pero se llevó una emocionante sorpresa cuando aterrizó su avión en Peinador y cientos de celtistas esperaban al equipo para darle ánimos. Aquel día encontró la fuerza necesaria para intentar el ascenso al año siguiente. Y es que Herrera seguía en el Celta, ya que la directiva decidió renovar al catalán en el mes de febrero, ampliando su contrato dos años más, hasta junio de 2013. 

El Celta arrancó la Temporada 2011-12 con un único objetivo, el de regresar cuanto antes a Primera. Herrera decidió descartar a Murillo, Ortega y Papadopoulos, aunque estos dos últimos no abandonaron el equipo hasta el mes de enero. Michu y Falcón terminaban contrato y abandonaron el equipo, mientras que el club decidió en el mes de agosto prescindir de Trashorras y López Garai. A Vigo llegaron Mario Bermejo, Natxo Insa, Sergio Álvarez, guardameta del filial, y los cedidos Oier Sanjurjo y Orellana. A última hora también llegaba Bellvís, para completar una plantilla con la que Herrera debía devolver a la afición el cariño de la temporada anterior. 

No arrancó excesivamente bien el Celta, a pesar de ganar el primer partido del campeonato, pronto se vio que no iba a ser un camino fácil. El Celta tardó varias semanas en meterse en puestos de promoción de ascenso, y tocó fondo tras encadenar tres derrotas consecutivas ante Deportivo, Hércules y Barcelona B. Tras el partido del Mini Estadi, Herrera decidió cambiar a su pareja de centrales, sacando a Vila y Catalá del once titular, para dar entrada a Oier Sanjurjo y Túñez. Extrañó especialmente la titularidad del navarro, que nunca había jugado en esa posición, pero que completó una temporada extraordinaria. La pareja que formó con Túñez dio al Celta una consistencia desconocida y los resultados no tardaron en llegar.


Otra vez más, los meses de diciembre y enero fueron espectaculares, lo que permitió al Celta atacar los puestos de ascenso directo con solvencia, tocando la gloria con los dedos con la gran victoria conseguida en Valladolid cuando Joan Tomás dio la victoria al Celta en tiempo de descuento. Aquel día, el Celta se fue con 7 puntos de ventaja sobre los pucelanos, y el goal-average a favor, pero una serie de infortunios pusieron en jaque el ascenso celeste. 

También ayudó el Valladolid, que enganchó una increíble racha en la que contó sus partidos por victorias. El Celta se encontró con la suspensión de un partido en Cartagena por una supuesta agresión al colegiado Pino Zamorano, ocasionando que el partido se aplazase, e incluso en Guadalajara tampoco pudo terminar su partido por un apagón, reanudándolo al día siguiente a las once de la mañana. Una temporada extraña en la que Herrera cogió el toro por los cuernos tras una derrota en Alicante y decidió que su equipo debía ganarlo todo para ascender. 

Y así fue, el Celta, uno a uno, se fue deshaciendo de todos sus rivales, ayudado por los goles de Iago Aspas, que solía marcar a pares en las últimas jornadas. El empate del Valladolid ante el Hércules en casa permitió al Celta adelantarle en la clasificación y depender de sí mismo, y la victoria ante el Nástic en la penúltima jornada, unida al empate del conjunto blanquivioleta en Alcorcón, dejaba al Celta a un punto del ascenso antes de la última jornada en casa delante del Córdoba. El partido acabó en empate a cero y el Celta, cinco años después, regresaba a Primera División.


Fue un justo premio para el trabajo de Herrera, que supo dotar a los jóvenes futbolistas del Celta de la madurez suficiente para sobreponerse a todos los problemas que surgieron durante la temporada. De la mano de Herrera, el Celta supo sufrir y sobreponerse a varios marcadores en contra, logrando varias remontadas que llevaron la épica a Balaídos. Dificilmente se olvidarán las remontadas ante Barcelona B, Almería o Xerez, todas ellas en la recta final, que certificaron el ascenso del conjunto vigués a la máxima categoría. 

A Herrera le quedaba un año más de contrato, pero tenía sus dudas acerca del proyecto que le ofrecería el Celta en Primera. De tal modo que valoró hasta el último momento una oferta del Villarreal, que había descendido a Segunda y que tenía unas referencias inmejorables del catalán tras su trabajo en el filial. Finalmente apostó por el Celta y fue el entrenador celeste en el retorno a Primera. 

El Celta sufrió cambios para adaptarse a la categoría, y se reforzó con jugadores como Augusto Fernández, Krohn-Dehli, Park, Samuel Llorca y Javi Varas. Futbolistas que deberían dar empaque al Celta en su primer año en la categoría después de un lustro de ausencia. El equipo arrancó bastante bien la temporada, a pesar de perder los dos primeros partidos, se fue rehaciendo y no llegó a estar en puestos de descenso durante toda la primera vuelta, pero los meses de enero y febrero pasaron factura al equipo, que encadenó una serie de derrotas consecutivas que pusieron a Herrera en la picota. Especialmente sangrante eran las cifras fuera de casa, con una victoria y un empate como único bagaje. Finalmente, tras caer en Getafe y quedar a cuatro puntos de la salvación, el Consejo de Administración decidió cesar a Herrera y fichar a Abel Resino para ocupar su cargo. 

Herrera se marchó de Vigo con la cabeza alta y la rabia de no poder terminar el trabajo que había comenzado. Los resultados terminaron por separar su camino del Celta, pero detrás de sí dejó un recuerdo imborrable en una afición que adoraba mayoritariamente al técnico que devolvió al Celta a la élite. Su nombre siempre ocupará un lugar destacado en la memoria colectiva del celtismo. 




                         SUS NÚMEROS CON EL CELTA














TRAYECTORIA CON EL CELTA 
* 2010-11 (2ª División)
* 2011-12 (2ª División)
* 2012-13 (1ª División)  Destituido en la jornada 24


1ª División 
24 Partidos
5 Victorias
5 Empates
14 Derrotas
22 Goles a favor (0,916 por partido)
31 Goles en contra (1,291 por partido)
Progresión de puntos en temporada completa:  31,66


2ª División 
84 Partidos
43 Victorias
22 Empates
19 Derrotas
145 Goles a favor (1,726 por partido)
80 Goles en contra (0,952 por partido)
Progresión de puntos en temporada completa:  75,50 



VIDEO HOMENAJE DE KARPINHA




DESPEDIDA DE PACO HERRERA TRAS SU CESE EN EL CELTA




* Fuentes: (historiasdesegunda.com/, La Voz de Galicia, Mundo Deportivo, Alberto Fernández – Estadísticas)



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